JFK, Wimbledon y el mito de la aguja: ¿Realmente compensa la punción seca?

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Este artículo explora la evolución de la punción seca, desde su origen histórico vinculado a la doctora de JFK hasta su realidad clínica actual en el deporte de élite. A través de una visión crítica y personal, se analiza si esta técnica es un «reinicio» eficaz para el sistema nervioso o simplemente un parche temporal frente a lesiones complejas. Un relato que cuestiona si, en la fisioterapia moderna, el uso de agujas realmente compensa frente al valor del movimiento y la terapia manual.

¿Qué relación tiene la punción seca con el expresidente de los Estados Unidos John F. Kennedy? Lógicamente, a primera vista no parece haber mucha; pero lo cierto es que existe una conexión directa, aunque pueda parecer rebuscada.

Está documentado en numerosos artículos y entrevistas que, siendo todavía senador y antes de mudarse a la Casa Blanca, el futuro presidente sufría de dolores lumbares tan intensos que casi le impedían caminar. En aquella época vivía en Nueva York y es ahí, en el Lower Manhattan, donde se crea el vínculo. Kennedy buscó ayuda en una pequeña consulta —en un escenario digno de una película de Woody Allen— y la doctora que lo trató, a quien él llegó a definir como un «genio médico que facilita la sonrisa», es la protagonista de esta historia: la Dra. Janet Travell.

El nacimiento de los «puntos gatillo»

¿Y qué relación tiene la Dra. Travell con la punción seca? En los años 50, los tratamientos para el dolor eran limitados: medicamentos, corsés, cirugías o lámparas infrarrojas. Ante este panorama, Travell comenzó a plantearse una forma distinta de tratar las dolencias musculares. Descubrió, palpando con sus manos, que los músculos presentaban bandas duras con nódulos tensos y dolorosos. A estos puntos los llamó «puntos gatillo» (trigger points), por ser supuestamente los desencadenantes del dolor. También observó que, al presionarlos, el dolor se irradiaba a una zona cercana, fenómeno que denominó dolor referido.

La doctora dedujo que, si lograba disminuir la tensión de esos puntos, el dolor mejoraría. Al principio los infiltraba con lidocaína, pero pronto descubrió que el simple hecho de introducir la aguja —incluso sin inyectar nada— ya producía mejoras significativas. Así nació la punción seca. Años más tarde, junto al Dr. David Simons, publicó The Trigger Point Manual (1983), un tratado que sigue vigente hoy en día y cuya metodología dedicó a enseñar durante el resto de su carrera.

El fascinante mapa de colores

En mis años de estudiante, los libros especializados eran tesoros que apenas podíamos hojear; su precio era prohibitivo para nuestros bolsillos. Durante una de aquellas tardes en la librería de la que todavía recuerdo la ubicación —aunque ahora sea un restaurante—, me topé con los libros de la Dra. Travell.

El manual me resultó fascinante por sus gráficos. Simplificaban exactamente lo que cualquier alumno busca: un mapa claro. Un esquema donde aparece un punto de dolor y su correspondiente reflejo doloroso. La premisa era casi mágica: si presionas o pinchas ese punto, el dolor se desvanece. Esa relación de causa y efecto es visualmente muy potente para cualquier terapeuta, aunque con los años uno descubre que la clínica no siempre sigue una lógica tan lineal.

El punto de inflexión en Wimbledon

Tuve que esperar a mi siguiente cumpleaños para tener los libros en casa y me puse manos a la obra de inmediato. ¡Parecía tan fácil! Pensaba que solo era cuestión de localizar el punto, clavar la aguja y dejar que la ciencia hiciera el resto. Sin embargo, pronto me di cuenta de que la realidad exigía mucho más: ni los puntos eran tan fáciles de encontrar, ni la efectividad era siempre inmediata; incluso se podía poner en duda su validez general.

El momento crítico llegó años después. Mientras trabajaba en el torneo de Wimbledon, trataba el hombro de un tenista profesional cuando, de repente, el jugador se desmayó durante unos segundos tras el pinchazo. Ese episodio marcó un antes y un después en mi relación con las agujas, sembrando serias dudas sobre la seguridad y la verdadera eficacia de esta técnica.

La aguja como botón de «reinicio»

Hoy, con la experiencia y el feedback de miles de pacientes, sabemos que la punción seca no es una «poción mágica». De hecho, la ciencia duda de que esos «nudos» existan tal como nos los enseñaron. Lo que realmente ocurre es que la aguja funciona como un botón de «reinicio»: da un chispazo al sistema nervioso para que el cerebro relaje el músculo y suelte sus propios analgésicos naturales.

Sin embargo, no es la solución definitiva. Muchas veces es solo un «parche» temporal. Si el paciente no cambia su forma de moverse o fortalece su cuerpo, el dolor volverá. Pinchar el dolor sin arreglar lo que lo provoca es como reiniciar un ordenador que tiene el disco duro roto: funcionará un rato, pero se volverá a bloquear.

Conclusión: ¿Por qué ya no uso agujas?

Aun con la aprehensión que supone pinchar a otra persona y la falta de evidencia sólida, la técnica sigue en boga. Para el paciente, existe la percepción de que lo invasivo es más efectivo; el famoso efecto placebo que genera la expectativa de la aguja. Para el terapeuta, a veces es una cuestión de imagen o, incluso, de comodidad: clavar una aguja requiere mucho menos esfuerzo físico que quince minutos de terapia manual intensa. La naturaleza humana es a veces perezosa y nos empuja al camino menos exigente.

Mi elección, tras años de práctica, ha sido sencilla: dejar de usar agujas. Simplemente, no me compensa. La potencial ganancia se ve superada con creces por los riesgos innecesarios, como el de infección o el desmayo mencionado. Además, creo firmemente que la consulta de un fisioterapeuta debería ser un lugar de confianza, confort y bienestar, no un espacio de incomodidad.

Al final, aunque los mapas de colores resulten fascinantes, no debemos olvidar que la punción es solo una pieza más de un puzle complejo. El verdadero arte de la recuperación reside en la comprensión global del cuerpo y en la capacidad de devolverle el movimiento, más allá de lo que pueda hacer una simple aguja.