Las aventuras de la camilla Rusti: Artrosis de cadera.

Tiempo de lectura: 12 minutos

La vieja camilla ya hace a√Īos que hab√≠a cumplido con su cometido. A√Īos y a√Īos soportando el peso de pacientes doloridos y magullados, cada uno con sus problemas y sus historias, cada uno con sus miedos y esperanzas. Se hab√≠a ganado a pulso el apodo que alguien le puso alguna vez: Rusti.¬†

Hab√≠a visto tiempos mejores. Hubo incluso una √©poca en la que tuvo el privilegio de recorrer el mundo, viajando junto a otro equipaje en la bodega de los aviones y aloj√°ndose en lujosos hoteles. Esos eran los good old times, los viejos y gloriosos a√Īos. Ahora ya llevaba mucho tiempo en la consulta, d√≠a tras d√≠a trabajando con su fisioterapeuta, Jaime ‚ÄĒcomo hace tantos a√Īos‚ÄĒ¬† en perfecta sinton√≠a. Creaban un binomio perfecto, uno trabajaba con sus manos y el otro soportaba al paciente con sus patas; uno asent√≠a y entablaba conversaci√≥n, el otro escuchaba en silencio. De vez en cuando, ciertos crujidos al cambiar el paciente de posici√≥n, como si de una ventana oxidada se tratase, romp√≠an este baile perfectamente orquestado.

‚ÄĒUna buena camilla tiene que crujir.¬†

Eso decía entonces Jaime, como queriendo disculparse por el estado de la camilla. 

‚ÄĒCrujir es signo de experiencia y se√Īal de un trabajo bien hecho. No hay nada m√°s triste que una camilla plegada y sin un paciente encima.

La camilla se hab√≠a acostumbrado a esta consulta, con el sol entrando en diagonal por la ventana al mediod√≠a, con ese sof√° observando inm√≥vil los tratamientos de Jaime. Hab√≠a cierta magia en todo lo que ah√≠ ocurr√≠a, una secuencia de acciones perfectamente orquestadas: recibir al paciente, preguntarle ¬Ņqu√© tal va el hombro? o ¬Ņqu√© tal va la espalda?, colgar la chaqueta en el perchero, sentarse en el sof√° para quitarse los zapatos, tumbarse en la camilla, y ah√≠, en ese momento, es cuando se hac√≠a la magia, como le gustaba decir a Jaime. Aunque no hab√≠a nada m√°gico en todo lo que ah√≠ ocurr√≠a. Solo un buen tratamiento manual, una conversaci√≥n que sol√≠a inclinarse del lado del paciente y bastantes an√©cdotas y risas.

El d√≠a que todo cambi√≥ no parec√≠a ser diferente a los dem√°s. En apariencia todo iba seg√ļn lo planeado, ya hab√≠an recibido a la paciente, Katherine, una se√Īora ya mayor con dolor en las caderas. Jaime, como suele ser costumbre, hab√≠a salido de la habitaci√≥n para lavarse las manos mientras Katherine se iba tumbando en la camilla. En esa postura es donde la volvi√≥ a encontrar al entrar.¬†

‚ÄĒBueno, vamos a ver c√≥mo soltamos esas caderas ‚ÄĒdijo Jaime‚ÄĒ. ¬ŅQu√© tal ha pasado los √ļltimos d√≠as?¬†

‚ÄĒPues as√≠ as√≠. Las caderas me duelen bastante al estar sentada, sobre todo la derecha. Incluso por la noche en la cama no consigo encontrar la posici√≥n correcta. Es bastante molesto. Pero estoy mejor que hace unas semanas. Me duelen menos al andar ‚ÄĒcontest√≥ Katherine.¬†

‚ÄĒNi que lo digas. Ya va siendo hora de que alguien mueva este viejo esqueleto ‚ÄĒdijo alguien en ese momento, en una fina voz solo perceptible por Rusti.

‚ÄĒ¬ŅQui√©n ha dicho eso? ¬ŅQu√© misterio es este? ‚ÄĒpregunt√≥ Rusti sorprendido, a la vez que algo asustado.

No obtuvo una rápida respuesta y, mientras tanto, Jaime seguía con sus maniobras y con su conversación.

‚ÄĒEs normal que las caderas duelan m√°s cuando no se mueven y el dolor se alivie con el movimiento. Es un tema de lubricaci√≥n. El movimiento hace que las articulaciones se calienten y se lubriquen. A m√≠ me gusta mucho una frase que una vez escuch√© en los Estados Unidos de Am√©rica: Motion is lotion. Quiere decir que el movimiento produce un aumento del liquido sinovial, que es el ‚Äúaceite‚ÄĚ de las articulaciones. Es bastante sencillo: si nos movemos, se crea este l√≠quido y, normalmente, el dolor disminuye y la movilidad mejora.

‚ÄĒYa me imaginaba que moverme me ven√≠a bien. Es una pena. No sabes todo lo que me he movido yo en mi vida. ¬ŅSabes que yo corr√≠a maratones? No se lo he contado a mucha gente, pero era bastante conocida cuando viv√≠a en Boston.

‚ÄĒNo ten√≠a ni idea ‚ÄĒcontest√≥ Jaime con curiosidad‚ÄĒ. Cu√©ntame un poco m√°s sobre tus aventuras. Tenemos tiempo.

Rusti, ah√≠ abajo, no pod√≠a contenerse. ¬ŅQui√©n le estaba hablando? No pod√≠an ser ni Jaime ni Katherine a los que hab√≠a escuchado. Tampoco parec√≠a que ellos hubiesen escuchado nada.

‚ÄĒ¬ŅCon qui√©n estoy hablando? ‚ÄĒvolvi√≥ a repetir Rusti.

‚ÄĒCon qui√©n va a ser. Con el cart√≠lago de la pobre Katherine ‚ÄĒcontest√≥ la voz.

‚ÄĒ¬ŅY c√≥mo es que te puedo escuchar?

‚ÄĒSiempre hemos estado aqu√≠. Todas las partes del cuerpo podemos hablar y nos comunicamos entre nosotras. Estamos constantemente chismorreando sobre las cosas m√°s triviales. La verdad es que lo pasamos muy bien. Por ejemplo, nadie quiere hablar con los huesos, que son muy gru√Īones, mientras que a todos nos gusta escuchar las historias de los m√ļsculos, que son de lo m√°s divertidas. En definitiva, somos una gran familia. Lo que pasa es que rara vez tenemos contacto con alguien de fuera. Ser√° que tu eres alguien muy especial, alguien con mucha experiencia. ¬ŅC√≥mo te llamas?

‚ÄĒYo soy Rusti, la camilla de Jaime. Llevo muchos a√Īos aqu√≠, pero nunca hab√≠a escuchado a nadie que no fuera Jaime y sus pacientes.

Katherine seguía conversando con Jaime, como si nada. 

‚ÄĒPues ver√°s. Yo corr√≠a en la universidad. Te podr√°s imaginar que eso fue hace muchos, muchos a√Īos. En esa √©poca casi no hab√≠a equipos de chicas. Solo nos dejaban correr pruebas muy cortas, como 800 o 1500 metros. Yo ve√≠a a los chicos correr por los campos y pensaba: ‚ÄúYo tambi√©n quiero correr horas y horas‚ÄĚ. As√≠ que empec√© a correr con ellos y me encantaba. Me gustaba la sensaci√≥n de paz cuando corr√≠a. Ahora creo que lo llaman algo as√≠ como las endorfinas de los corredores.

‚ÄĒMadre m√≠a, Katherine, qui√©n la ha visto y qui√©n la ve. No ten√≠a ni idea. Siga, que soy todo o√≠dos.

Mientras decía esto, Jaime empezó a mover la pierna de Katherine, flexionando la cadera y llevando la rodilla hacia la tripa. 

‚ÄĒ¬°Uy ! ¬°Qu√© gusto! ‚ÄĒexclam√≥ el cart√≠lago‚ÄĒ. Esto de que me muevan es un placer. Es como meterme en un ba√Īo caliente. Estoy harto de estar todo el d√≠a sentado en el sof√°. Eso de pasar horas y horas viendo la tele no me viene nada bien. Lo que yo quiero es libertad, movimiento, actividad. Cuando me muevo, me caliento y me lubrico. Es una de las mejores sensaciones del mundo.

‚ÄĒPero, ¬Ņqu√© es el cart√≠lago realmente? ‚ÄĒpregunt√≥ Rusti.¬†

‚ÄĒ¬ŅQue qu√© es el cart√≠lago? Somos algo muy importante para las articulaciones. Las articulaciones son las partes que conectan dos huesos, como en la rodilla o la cadera. Sin nosotros las personas no podr√≠an andar, montar en bici, nadar o correr. Al estar los huesos hechos de un material duro, en el movimiento rozar√≠an entre s√≠ y se desgastar√≠an como las piedras de un r√≠o. Las superficies articulares, donde toca un hueso con otro, tienen que deslizarse suavemente unas con otras y nosotros nos ocupamos de que est√©n lubricadas para que se reduzca el roce. Aparte, nuestra funci√≥n es absorber los golpes. Somos como una almohada. Vamos, que sin nosotros no habr√≠a ni aventuras ni Juegos Ol√≠mpicos.

Katherine seguía contando su historia: 

‚ÄĒS√≠, esto es solo el principio. Una tarde est√°bamos tomando algo en un bar y un compa√Īero me dijo: ¬ę¬ŅPor qu√© no corres el marat√≥n de Boston?¬Ľ. En esos a√Īos este era casi el √ļnico marat√≥n que hab√≠a. Ahora hay uno en cada ciudad. Pero entonces no dejaban correr a las mujeres. Supongo que pensaban que no √©ramos lo suficientemente fuertes. Yo les pregunt√© a mis amigos: ‚Äú¬ŅC√≥mo pod√≠a hacer para correr este marat√≥n? Me descubrir√≠an seguro y todo el mundo se reir√≠a de m√≠‚ÄĚ.¬†

Tom, su compa√Īero, lo ten√≠a muy claro.

‚ÄĒMuy f√°cil. ¬ŅC√≥mo firmas tus ex√°menes de la universidad? ‚ÄĒle pregunt√≥.¬†

‚ÄĒFirmo K.V. Switzer.

‚ÄĒPues as√≠ lo tienes que hacer. Cuando rellenes la inscripci√≥n para la carrera, firma K.V. Switzer. Luego, en la salida te pones un gorro y nadie se va a dar cuenta.¬†

A Katherine, solo el hecho de pensar en lo que iba a hacer la ponía nerviosa, pero a la vez pensaba que era una idea magnífica. Siempre tuvo una vena aventurera. Le gustaban las historias de mujeres que hacían cosas increíbles. 

‚ÄĒSolo una √ļltima cosa ‚ÄĒle dijo a Tom‚ÄĒ. Si corro el marat√≥n, es con una condici√≥n.

‚ÄĒ¬ŅCu√°l? ‚ÄĒpregunt√≥ Tom.¬†

‚ÄĒTienes que correr conmigo.¬†

Su amigo se rió con fuerza.

‚ÄĒDe acuerdo. As√≠ lo haremos ‚ÄĒdijo.¬†

‚ÄĒKatherine ‚ÄĒdijo Jaime‚ÄĒ, voy a tener que reservarte dos horas seguidas para que me cuentes todas tus historias. En una sola sesi√≥n no tenemos ni para empezar.

‚ÄĒTe lo resumo ahora y luego, si quieres, en otra sesi√≥n te cuento m√°s historias.¬†

¬ĽEl 19 de abril de 1967 hac√≠a mucho fr√≠o. Hab√≠a estado nevando toda la noche. Esto jug√≥ a mi favor cuando me present√© en la salida del marat√≥n, ya que muchos corredores iban en ch√°ndal. As√≠ pod√≠a pasar desapercibida y no me iban a reconocer f√°cilmente. Tom estaba a mi lado, creo que incluso m√°s nervioso que yo. Mi intenci√≥n no era armar un gran revuelo. Solo quer√≠a terminar un marat√≥n y tener algo con que re√≠rme con mis amigos.¬†

¬ĽLa carrera empez√≥ bien, nadie se fijaba en m√≠. Tom y yo fuimos corriendo varias millas, pero en la milla 4 algo pas√≥. Me di cuenta de que me hab√≠an descubierto cuando un se√Īor muy enfadado se abalanz√≥ sobre mi gritando: ¬ę¬°Fuera de mi carrera y dame tu dorsal!¬Ľ. M√°s tarde supe que era el director de la carrera.¬†

¬ĽGracias a Tom, que lo bloque√≥, pude seguir corriendo y consegu√≠ terminar. Nunca hab√≠a estado tan nerviosa y emocionada como entonces. En ese momento me di cuenta de que esta aventura m√≠a no iba a pasar desapercibida. Fue incre√≠ble la repercusi√≥n que tuvo en los peri√≥dicos. A partir de aqu√≠ mi vida cambi√≥. El correr nunca me ha abandonado desde entonces. Siempre ha estado presente en mi vida. Lugar a donde iba, lugar donde buscaba un parque o paseo para correr. Mis caderas han estado bien, solo me han empezado a doler hace unos a√Īos. Ahora cuento contigo, Jaime, para que pueda seguir andando y corriendo varios a√Īos m√°s. ¬ŅTe ha gustado la historia?

‚ÄĒ¬°Claro que s√≠! Me ha encantado. Son historias como estas las que hacen que la gente se aficione a correr. Casi se me saltan las lagrimas.

Rusti, por otro lado, no tenía más que preguntas.

‚ÄĒPero, para que el cart√≠lago sea tan blando, ¬Ņde qu√© est√° hecho?

‚ÄĒEl cart√≠lago es como la piel de una naranja por dentro, una delgada capa de tejido el√°stico y resistente que recubre los bordes de los huesos ‚ÄĒexplic√≥ el cart√≠lago‚ÄĒ. Lo importante es que somos capaces de absorber, amortiguar y permitir el deslizamiento de las articulaciones. Lo negativo del cart√≠lago es que no nos llega mucha sangre y esto hace que nos desgastemos con los a√Īos y que no nos regeneremos. La sangre es la que consigue que los tejidos vuelvan a crecer. Por lo tanto, para que seamos blanditos y el√°sticos necesitamos la ayuda de un l√≠quido, el l√≠quido sinovial, que es un fluido viscoso, transparente y con consistencia de clara de huevo. Este l√≠quido forma una fina capa sobre el cart√≠lago articular infiltr√°ndose en √©l. Durante el movimiento, el l√≠quido se extrae mec√°nicamente del cart√≠lago para mantener la capa de l√≠quido sobre la superficie del cart√≠lago y disminuir la fricci√≥n entre las superficies articulares. El l√≠quido sinovial reduce la fricci√≥n entre los¬†cart√≠lagos¬†y otros¬†tejidos¬†en las articulaciones para lubricarlas y amortiguar el impacto durante el movimiento. ¬°Menudo rollo te estoy metiendo!

‚ÄĒPara nada ‚ÄĒcontest√≥ Rusti‚ÄĒ. Al contarme esto me acuerdo de mis pobres patas que crujen cuando los pacientes se dan la vuelta. La sensaci√≥n que comentas de movimiento y libertad me recuerda a cuando Jaime me echa un poco de aceite en las bisagras. En ese momento todo mejora y parece que soy una camilla joven.

‚ÄĒClaro que s√≠. Tenemos que formar un partido pol√≠tico: ¬°Juntos por una vida m√°s viscosa!¬†

Esto √ļltimo le hizo mucha gracia a Rusti.¬†

En ese momento ocurrió algo aun más sorprendente. Rusti y el cartílago escucharon otra voz. Esta era una voz grave, profunda, como de alguien muy mayor que decía: 

‚ÄĒ¬ŅHe o√≠do la palabra cart√≠lago?

‚ÄĒBueno, el que faltaba ‚ÄĒdijo Rusti.¬†

‚ÄĒEste viejo sof√° no es capaz de estarse calladito y, para hacerse el interesante, siempre tiene que interrumpir con datos y estad√≠sticas.¬†

‚ÄĒJusto a esto iba ‚ÄĒcoment√≥ en voz alta‚ÄĒ. Aqu√≠ va algo interesante. La artrosis o desgaste del cart√≠lago afecta a alrededor de 302 millones de personas en el mundo, y es una de las causas principales de discapacidad. Se encontraba entre las 30 enfermedades m√°s comunes en el mundo en 2016, habiendo crecido su prevalencia un 30 % desde el 2006. De hecho, las cifras de la Organizaci√≥n Mundial de la Salud, OMS, muestran que¬†el 28 % de los mayores de 60 a√Īos tiene artrosis¬†y en el 80 % de los casos causa una limitaci√≥n de sus movimientos.¬†

¬Ľ¬ŅQu√©? ¬ŅOs ha gustado este dato? ‚ÄĒpregunt√≥ el sof√°.¬†

‚ÄĒQue s√≠, que s√≠ ‚ÄĒdijo el cart√≠lago‚ÄĒ. Que ya sabemos que eres muy inteligente.

Jaime, mientras trataba a Katherine, empezó a pensar en todos los pacientes con dolores de cadera que había tratado. Eso es algo que le pasaba de vez en cuando. Su trabajo le hacía evadirse mentalmente de la habitación y viajar a otros tiempos. 

Estaba esa se√Īora que, cuando ven√≠a a la consulta, dejaba a su perro en casa viendo la televisi√≥n. O ese otro se√Īor que solo quer√≠a poder seguir bailando con su esposa; lo de andar le daba igual.¬†

O ese tenista de élite que, para seguir jugando, se puso una prótesis de cadera. 

Todos estos pacientes ten√≠an sus dolores y sus limitaciones particulares. Pero tambi√©n ten√≠an algo en com√ļn: la degeneraci√≥n del cart√≠lago de sus caderas.¬†

Pens√≥ entonces: ¬ę¬ŅPor que todav√≠a no han inventado o desarrollado un producto u operaci√≥n para recuperar el cart√≠lago de las personas?¬Ľ.¬†

De su √©poca en California conoc√≠a de primera mano la terapia de c√©lulas madre, pero no se qued√≥ muy impresionado con sus efectos. Quiz√°s era demasiado pronto y todav√≠a ten√≠an que evolucionar esa t√©cnica. Tambi√©n pens√≥ en aquel a√Īo cuando trabajaba con tenistas de √©lite y fueron a Alemania a probar un tratamiento de plaquetas. El doctor tambi√©n aseguraba que su terapia regeneraba el cart√≠lago, pero no fue el caso cuando lo probaron. El efecto del tratamiento no dur√≥ eternamente.¬†

Jaime conocía muy bien el posible final de muchos pacientes con dolores de cadera. Se resistía a admitirlo, pero la realidad es que mucha gente acababa con prótesis de cadera. 

¬ŅEra √©ste el inevitable final?¬†

Quería pensar que había esperanza si la gente con dolores podía cambiar su estilo de vida y hábitos diarios de actividad.

Katherine, quizás ya cansada de contar su historia, cosa que probablemente había hecho miles de veces, cambió de tema y volvió a sus caderas. 

‚ÄĒ¬°Cu√©ntame entonces! Si dices que el movimiento es lo m√°s importante para las articulaciones, ¬Ņpor qu√© a m√≠, que tanto he corrido, me duelen las caderas?

‚ÄĒEste es el gran dilema ‚ÄĒreplic√≥ Jaime.¬†

¬ĽHay una lucha entre el movimiento y el desgaste, un tira y afloja. Realmente, el cuerpo de las personas no estaba pensado para vivir tantos a√Īos. Hace 300 a√Īos las personas viv√≠an 35 a√Īos de media, solo hace 100 a√Īos la esperanza de vida era de 50 a√Īos y ahora la media en Europa o Norteam√©rica est√° en unos 80 a√Īos. A√Īo tras a√Īo; gracias a la medicina, el ejercicio y la alimentaci√≥n; las personas fallecen mucho m√°s tarde. Estructuras como el cart√≠lago o los discos vertebrales se van desgastando con los a√Īos. Hay varios factores que pueden acelerar este desgaste. Por un lado, est√° la suerte. En tu vida puedes tener un accidente que destroce, por ejemplo, tu rodilla. El cart√≠lago de esta rodilla, en consecuencia, se puede desgastar m√°s r√°pido. Por otro lado, est√° el uso excesivo, como el que pueden tener los atletas profesionales o la gente con¬† algunas profesiones f√≠sicas. Es como si condujeses un coche a velocidad m√°xima todos los d√≠as. La goma de las ruedas se desgastar√° mucho m√°s r√°pido que si conduces a 80 km/h. Estas son cosas que pueden acelerar el desgaste. Pero en el otro lado de la cuerda est√° la inactividad, la obesidad y algunas enfermedades como la diabetes. Este poco movimiento que realizan las personas har√° que las articulaciones se retraigan y no se muevan en todo su rango. Esto es igualmente peligroso.

‚ÄĒQu√© interesante ‚ÄĒdijo Katherine.¬†

‚ÄĒLo que tienes que tener en cuenta es que el movimiento hace que las articulaciones se mantengan flexibles y se puedan mover en todas las direcciones. El desgaste es inevitable. Pero no es lo mismo llegar a los 70 a√Īos pudiendo andar, agacharse o incluso reptar que casi no poder levantarse del sof√°. Un amigo m√≠o me dec√≠a: ¬ęYo a los 70 a√Īos quiero poder hacer lo mismo que hace un bebe de un a√Īo como ponerme de cuclillas, sentarme en el suelo y poder levantarme y tocarme la planta de los pies¬Ľ. Veo que t√ļ, Katherine, puedes hacer estas 3 acciones sin problemas. T√ļ has sido una persona deportista y tus caderas se mueven bastante bien. Una persona sedentaria, que no se ha movido mucho en su vida, normalmente puede tener tus mismos dolores, pero, aparte, no puede andar y moverse tan bien como t√ļ.

‚ÄĒJaime, tienes toda la raz√≥n del mundo. Adem√°s, lo explicas muy bien.

La sesión estaba a punto de terminar, pero Rusti y el cartílago seguían con su conversación:

‚ÄĒHermano ‚ÄĒdijo Rusti ya con confianza ‚ÄĒ. ¬°Qu√© alegr√≠a haberte conocido! Katherine suele venir los martes a las 10:00 h a su sesi√≥n con Jaime. Seguiremos conversando. Tambi√©n contigo, viejo sof√°.

‚ÄĒClaro que s√≠, de aqu√≠ no me mueve nadie ‚ÄĒcontest√≥ el cart√≠lago‚ÄĒ. Bueno, moverme espero que s√≠, ya me entiendes. Lo que quiero decir es que aqu√≠ seguiremos la semana que viene.

‚ÄĒNo puedo estar m√°s contento. Por fin puedo saber todos los secretos del cuerpo de los pacientes que pasan por aqu√≠. Ya me ve√≠a retirado en un trastero con un mont√≥n de maletas encima. El d√≠a de hoy ha sido como el comienzo de una segunda juventud ‚ÄĒtermin√≥ diciendo Rusti.

‚ÄĒBrindo por eso con una copa de l√≠quido sinovial ‚ÄĒdijo con gracia el cart√≠lago.¬†

Rusti se qued√≥ pensando en lo que acababa de pasar. No entend√≠a por qu√© justamente ahora pod√≠a hablar con el cuerpo de los pacientes, despu√©s de tantos a√Īos de duro trabajo. Tampoco por qu√© nunca se hab√≠a comunicado con el sof√°, que llevaba mucho tiempo a su lado.¬†

¬ŅHabr√≠a un motivo especial? ¬ŅEra esto parte de un plan m√°s complejo?¬†

Con esta idea en la cabeza, se qued√≥ esperando a que Jaime terminara su sesi√≥n. Jaime y Katherine estaban ya en los √ļltimos minutos de la sesi√≥n.

‚ÄĒKatherine, lo que me tienes que prometer es que no vas a dejar de moverte. Piensa en tu √©poca de maratoniana y l√°nzate a la calle cada d√≠a. ¬°M√°rcate peque√Īos objetivos como llegar hasta el quiosco que est√° al final de la calle o subir las escaleras del puente peatonal que cruza la carretera! ¬ŅC√≥mo se dice? Partido a partido, d√≠a a d√≠a.

‚ÄĒTe lo prometo, Jaime. Adem√°s, tus tratamientos tambi√©n me est√°n ayudando mucho. ¬ŅTe puedo hacer una √ļltima confesi√≥n?

‚ÄĒS√≠, claro, dispara.

‚ÄĒA veces en la cama, con la luz apagada, nada m√°s despertarme, antes de levantarme, todav√≠a con los ojos cerrados, me imagino estar corriendo con el equipo de la universidad, subiendo y bajando colinas y esquivando √°rboles por los senderos del bosque. Es un momento muy feliz. Luego me levanto y me topo de frente con la realidad. Ya no tengo 20 a√Īos y ya no corro maratones, apenas puedo caminar r√°pido unos minutos antes de cansarme. Pero voy a seguir luchando por mi cuerpo, cuidando mis articulaciones y aliment√°ndolas con el liquido m√°gico: el movimiento.

‚ÄĒBien dicho Katherine. ¬°Hasta la semana que viene!

Así terminó está sesión, una sesión aparentemente normal para Jaime, pero iluminadora para su fiel camilla Rusti. Lo que no podía imaginar Rusti es que este sería el primer encuentro de una larga lista en la que conocería en detalle todos los secretos del cuerpo. Tampoco sabía que todos estos encuentros iban a desembocar en un final sorprendente, casi mágico. Pero para llegar ahí todavía tenía que soportar el peso de muchos pacientes. Ya llamaba a la puerta el siguiente paciente. Rusti no podía contenerse de la emoción. 

¬ŅCon qui√©n podr√≠a hablar esta vez?